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LAS ALIANZAS INTERREGIONALES Y EL COMERCIO GLOBAL

El rediseño del sistema global multilateral es uno de los concretos desafíos que se pueden extraer de las nuevas realidades y tendencias que se observan como consecuencia -entre otros factores- de la pandemia del Covid19.

En esta oportunidad los comentarios se relacionan con la OMC y con los acuerdos regionales y alianzas interregionales con compromisos de comercio internacional en los que participen países en desarrollo de áfrica, Asia y América Latina.

Se tendrá presente la reciente experiencia de los países latinoamericanos en la OMC, y se dará una visión sobre cómo la región podría contribuir al desarrollo de una nueva era del multilateralismo en el comercio mundial. Al respecto se toman en cuenta algunos requerimientos institucionales que conviene que tengan presente los países latinoamericanos, al trazar sus estrategias de participación en el futuro sistema del comercio global.

Un primer requerimiento se relaciona con la posición de los países latinoamericanos con respecto a la necesaria adaptación del sistema de la OMC a las nuevas realidades internacionales. El segundo se refiere a la interacción dentro de la propia región entre los diferentes procesos de integración, a fin de acrecentar su conexión recíproca y de desarrollar mecanismos que faciliten su eficacia. Y el tercero se refiere al nivel interregional. Incluye en especial las ventajas que pueden derivarse de una más intensa y eficaz conexión de los diversos procesos de trabajo conjunto entre países latinoamericanos, con los de otras regiones en desarrollo de Asia y de áfrica, en especial la ASEAN y la Unión Africana. También incluye la asociación con los diversos acuerdos regionales existentes en los que participan países industrializados, tal los casos de los acuerdos con la UE y del nuevo acuerdo de libre comercio de América del Norte.

La idea de trabajo conjunto entre distintos procesos regionales e interregionales, en el marco de las reglas de una OMC renovada y fortalecida, podría tener un efecto positivo en el necesario desarrollo de una nueva etapa del sistema multilateral del comercio internacional.

El rediseño del sistema global multilateral es uno de los concretos desafíos que se pueden extraer de las nuevas realidades y tendencias que se observan como consecuencia -entre otros factores- de la pandemia del Covid19. Nuevas realidades y tendencias que junto con otras causas, son un efecto del fenómeno de redistribución de poder entre las naciones que se ha tornado evidente en los últimos años, especialmente en el más alto nivel del sistema internacional estratificado.

En esta oportunidad los comentarios se relacionarán con el sistema multilateral global del comercio internacional -la Organización Mundial del Comercio- y su relación con los acuerdos regionales y alianzas interregionales con compromisos de comercio internacional en los que participan países en desarrollo de áfrica, Asia y América Latina. Así como también con los progresos que pudieran eventualmente lograrse en los necesarios cambios que se requieren en el sistema comercial internacional, los que a su vez podrían producir un efecto positivo en los esfuerzos orientados a reformar las Naciones Unidas como un factor fundamental del sistema global (ver al respecto el reciente informe editado por Ettore Greco, cuya referencia está en la sección lecturas recomendadas de este Newsletter y asimismo, los informes editados por Mario Teló, incluidos en la sección lecturas recomendadas de este Newsletter del pasado mes de abril).

Nuestra perspectiva tiene presente la experiencia de los países latinoamericanos en la OMC, y una visión de cómo la región podría contribuir al desarrollo de una nueva era del multilateralismo en el comercio mundial (ver al respecto este Newsletter de los meses de enero y de junio del año 2020). Se toman en cuenta algunos requerimientos institucionales que conviene que tengan presente los países latinoamericanos, al trazar sus estrategias de participación en el futuro sistema del comercio internacional.

Un primer requerimiento se relaciona, tras la reciente designación y puesta en funciones de Ngozi OKonjo-Iweala -quien como nueva Directora General tendrá la responsabilidad de dirigir al organismo-, con la posición de los países latinoamericanos con respecto a la adaptación del sistema de la OMC a nuevas realidades internacionales, en al menos dos aspectos relevantes (ver Alan Wm.Wolf citado en la sección lecturas recomendadas de este Newsletter). Por un lado, el de las reglas referidas al principio de no discriminación en el comercio internacional (en especial las del artículo XXIV del GATT y las de la Cláusula de Habilitación). Y, por el otro, el de la eficacia del mecanismo de solución de controversias, a fin de lograr que pueda ser realmente percibido como una garantía de un sistema multilateral del comercio global orientado por reglas que efectivamente se cumplan. Son dos cuestiones que han tenido importancia para varios países latinoamericanos desde la época del GATT. Y que siguen teniéndola.

Un segundo requerimiento se refiere a la interacción dentro de la propia región entre los diferentes procesos de integración latinoamericana, a fin de lograr su conexión recíproca y el desarrollo de mecanismos que faciliten su articulación y eficacia. Y, sobre todo, que faciliten el trabajo conjunto entre sus respectivos países miembros, tanto en el plano regional como en el global, incluyendo las distintas modalidades de posibles alianzas interregionales, especialmente con la participación de otros países en desarrollo.

La idea del trabajo conjunto entre los países de la región, especialmente en los casos de la Alianza del Pacífico y del Mercosur, puede permitir extraer todo el potencial del sistema regional de comercio institucionalizado en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Sin requerirse ninguna modificación del Tratado de Montevideo de 1980, sus mecanismos y reglas tienen en varios casos el potencial de conectar con eficacia los diferentes procesos subregionales que hoy existen en la región latinoamericana (ver al respecto este Newsletter del mes de octubre 2020). Las distintas modalidades posibles para los denominados acuerdos de alcance parcial, tal como está previsto en los artículos 8 y 14 del Tratado de Montevideo, son un ejemplo de la amplitud normativa de la ALADI, no siempre plenamente utilizada.

Asimismo permitiría a países latinoamericanos extraer en conjunto ventajas de un sistema de la OMC eventualmente renovado y, a la vez, desarrollar redes interregionales de comercio preferencial con otros acuerdos regionales, especialmente aquellos en los que participan países en desarrollo. En especial, pueden ser el marco que permita incluir otras cuestiones que son hoy relevantes para la relación entre comercio y desarrollo económico como son, entre otras, las relacionadas con el desarrollo sustentable y, muy especialmente, con el cambio climático.

Un tercer requerimiento se refiere precisamente al nivel interregional (ver al respecto este Newsletter de noviembre 2019). Se trata de las mega-redes de preferencias comerciales de alcance trans-regional. Incluye en especial las ventajas que pueden derivarse de una más intensa y eficaz conexión de los diversos procesos de trabajo conjunto entre países de la región latinoamericana, con los de otras regiones en desarrollo de Asia y de áfrica, y en especial con la ASEAN y con la Unión Africana, sin perjuicio de otras.

Pero también incluye la institucionalización con los diversos acuerdos regionales existentes en los que participan países industrializados, tal los casos de la Unión Europea -que en el caso del Mercosur, el acuerdo cuya negociación se concluyera en el año 2019, tras más de veinte años desde que se iniciara, sigue hoy estancado por diferencias existentes, especialmente, entre los países miembros de la UE- y del nuevo acuerdo de libre comercio de América del Norte (UMSCA, en su sigla actualizada en inglés, o CUSMA en español).

El interés latinoamericano por la ASEAN parecería haberse acrecentado tras la firma el año pasado del Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) (ver al respecto este Newsletter del mes de diciembre del año pasado, así como -entre varios otros recientes- el informe de Andrés Serbin mencionado en la sección lecturas recomendadas de este Newsletter).

Y en cuanto a la región africana, dos trabajos recientes ayudan a tener presente el interés creciente por las relaciones con la Unión Africana, como un ámbito con un gran potencial para su interacción con países latinoamericanos. Uno es el libro de Landry Signé, y el otro el de Carlos Lopes, incluidos en la sección lecturas recomendadas de este Newsletter. Ambos libros ayudan a desarrollar una perspectiva positiva sobre el enorme potencial que la región africana tiene hacia el futuro, incluyendo las que se abren para un trabajo conjunto con países de la región latinoamericana.

Por muchas razones la UE, estaría en condiciones de jugar realmente un rol positivo, especialmente con acuerdos interregionales orientados hacia un efectivo fortalecimiento del comercio y el desarrollo sustentable con los principales acuerdos de integración en el mundo en desarrollo. Sin embargo, sería sumamente útil el poder sustentar lo antes señalado con hechos concretos derivados, por ejemplo, de una rápida firma y puesta en vigencia del acuerdo ya concluido con el Mercosur.

En nuestra opinión la idea de trabajo conjunto entre distintos procesos regionales e interregionales, en el marco de las reglas de una OMC renovada y fortalecida, podría tener un efecto positivo en el necesario desarrollo de una nueva etapa del sistema multilateral del comercio internacional

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